La pesca es, como dice nuestro director, una actividad que no tiene entre los pescadores más que una cosa en común, un día caes al agua y da lo mismo con qué modalidad pesques o de qué marca lleves la gorra, te caes, te ahogas y todos pasamos a la misma estadística. Bienvenidos al mundo de las estadísticas de muertes accidentales.

Ni siquiera tenemos estadística propia, la compartimos con accidentados de todo tipo, turistas, curiosos, influencers de pastel en busca de la foto que les haga famosos…
Este año, Entre Cañas quiere romper una lanza en favor de la necesidad de proteger a los pescadores, de protegernos, porque hay que regresar a casa, porque casi hemos perdido una generación con las pantallas y eso nos obliga aún más a regresar a casa y seguir luchando porque nuestros nietos vengan a la naturaleza, a los ríos y a las playas a seguir pescando como lo hacían nuestros abuelos y los abuelos de ellos…

Solo que esta vez sabemos más y lo hacemos mejor y tenemos la suerte de poder contar con herramientas que antes, sencillamente, no se tenían. Tenemos guantes para no clavarnos anzuelos, tenemos botas antideslizantes que nos evitan caer al mar, o al río. Tenemos también chalecos salvavidas, que no nos van a dar calorcito pero nos mantendrán respirando mientras lleguen nuestros héroes en su flamante helicóptero a salvarnos la vida, porque hemos sido demasiado imprudentes. Tenemos gafas polarizadas para no perder la vista con el reflejo del mar, cremas para que lo que antes solo producía arrugas y ahora produce cáncer no nos mate. Tenemos muchos y muy poderosos aliados, pero si no contamos con ellos, ¿para qué sirven?





Dime dónde pescas y te diré cómo puedes salvar la vida.
En el Norte, hay un problema añadido, el frío, la hipotermia se encarga de hacer “algo más fácil” la labor de ahogarse, tener un teléfono móvil en una funda estanca puede salvarnos la vida, pero hay que saber cómo indicarle a los servicios de salvamento dónde estamos, de lo contrario, la llamada que hagamos solo servirá para escuchar una última voz amiga.
En Iphone o en Android, la aplicación “brújula” o “compass” además de decirnos dónde está el norte, nos dice también nuestra posición en grados, minutos y segundos, en dos grupos, que juntos forman una coordenada en la que el helicóptero nos encontrará. Esos minutos que pueden ser horas de búsqueda que se ahorran al saber nuestra posición es la diferencia entre la vida y la muerte.

40º24’55’’N 3º42’12’’O, por ejemplo, aunque esas sean unas coordenadas al azar que corresponden a algún punto del centro de la península, es necesario averiguar cómo tu teléfono que ha de tener el GPS activado puede darte esos datos. 40º grados 24’ minutos 55’’ segundos N Norte es el primer grupo, el segundo son 3 grados 42 minutos 12 segundos Oeste.
Si vives en otro mar, como en las aguas canarias o el Mediterráneo, es improbable que sufras una hipotermia, pero todo depende del tiempo que estés en el agua, nuestra temperatura corporal es de 36,5 grados, así que si nuestras aguas “cálidas” están a 18, nuestro cuerpo se empezará a enfriarse a bastante velocidad, por lo que será necesario que se nos rescate cuanto antes. Aún viviendo en el mediterraneo sufriremos de hipotermia… Para evitarla los expertos recomiendan no moverse mucho, cada movimiento nos hace perder calorías y mantenerse lo más a flote posible. Claro que todo esto no sirve de nada si no llevas un chaleco salvavidas.
Nunca luchar contra el mar, los servicios de emergencias que van a buscarte conocen a la perfección las corrientes de la zona y van a buscarte precisamente donde te lleve la corriente, si intentas nadar en contra, solo te alejas e incluso falseas tu posición haciendo más difícil tu rescate. Déjate llevar, utiliza ropa llamativa en tu parte superior, gorras o camisetas con colores llamativos para ser más visibles y ganarle unos minutos al rescate.

Dicho ésto te dejamos por aquí el texto “La accidentalidad de la pesca recreativa y la importancia de la formación y de la prevención” de Fernando Cobo, Catedrático de Zoología de la Facultad de Biología, de la Universidad de Santiago de Compostela.
“La pesca deportiva es una actividad que ha atraído de manera creciente en los últimos años a numerosos aficionados, especialmente la tendencia se ha incrementado en el medio marino, en detrimento de lo que venía sucediendo en las aguas dulces. Sin embargo, el incremento de participantes ha propiciado también un aumento significativo de los accidentes relacionados con el desarrollo de la actividad, puesto que su práctica no está exenta de riesgos. Esta situación es especialmente lamentable, pues una gran cantidad de los casos podrían haberse evitado si los pescadores fuesen conscientes de los peligros potenciales y estuviesen preparados, al menos, con el conocimiento básico de las pautas para una pesca segura y responsable.

Aunque los datos estadísticos específicos sobre accidentes relacionados exclusivamente con esta modalidad son limitados y, por lo tanto, las cifras pueden no reflejar completamente la realidad de la pesca deportiva, ofrecen, sin embargo, una perspectiva de siniestralidad especialmente grave en comparación con otras actividades de ocio en la naturaleza. En efecto, un análisis de las noticias en los medios de comunicación locales de las regiones europeas más estrechamente ligadas con la pesca recreativa refleja la realidad de los riesgos asociados y señalan como accidentes más frecuentes algunos que subrayan la importancia de la precaución y la preparación. Así, por ejemplo, las caídas representan una proporción significativa de los accidentes; un estudio en Francia indicó que constituyen aproximadamente el 30% de todas las incidencias registradas. Sus consecuencias dependen de la situación en la que se producen, los pescadores pueden resbalar o perder el equilibrio cuando pescan desde una embarcación y caer al mar, lo que puede llevar a hipotermia o al ahogamiento o pueden sufrir importantes lesiones por impacto, con diversos traumatismos de carácter moderado o grave. En zonas rocosas, especialmente en los acantilados, se han observado, con mucha frecuencia, comportamientos imprudentes que han provocado accidentes mortales.
Los accidentes por el vuelco del barco se registran como segunda causa de los más graves. Hay que considerar que la pérdida de estabilidad de las pequeñas embarcaciones ha tenido como resultado varios incidentes fatales, pero también las colisiones, encallamientos y hundimientos, junto con otros siniestros relacionados con el inadecuado mantenimiento de los motores, como incendios o explosiones, podrían haberse evitado, en un número muy elevado de los casos, si se hubieran tenido en cuenta las más elementales normas de navegación y prevención de riesgos en la mar. Las estadísticas también refieren golpes y lesiones causadas al levantar o manipular objetos pesados, como el motor del bote.

El desconocimiento de las condiciones meteorológicas y de los ciclos de marea relacionados con la fuerza del oleaje y las corrientes han contribuido a la ocurrencia de percances importantes. Muchas veces se han referido casos de exposición a condiciones climáticas extremas, como el sol intenso, el viento, la lluvia o el frío y episodios de pérdida de la orientación que requirieron de la evacuación con medios aéreos.
Existe un conjunto de lesiones específicas de la pesca ocasionadas al manejar los sedales, como: los cortes o abrasiones por enredos o al intentar apretar o cortar el fuerte material dando un tirón con las manos. Las heridas que se producen son de tipo inciso-cortante, generalmente de escasa importancia, siempre que la profundidad de la lesión no sea tan grande que pueda interesar tendones o vasos sanguíneos de cierta entidad.

Las heridas por anzuelos son las lesiones más frecuentes que le pueden sobrevenir a todo aficionado a la pesca. No solo se producen por inexperiencia o descuido, sino que es frecuente que, al tratar de recuperar los anzuelos enganchados, salgan disparados por la elasticidad de la caña y el sedal y se claven en cualquiera parte del cuerpo. Fuera de los casos en los que un anzuelo se incrusta en un ojo o cerca de una arteria (en cuyo caso no se deberá extraerse y se trasladará al accidentado al servicio médico más próximo), las manos suelen padecer el mayor porcentaje de lesiones. La zona de la lesión es importante pues varía sustancialmente si se trata de los dedos o del dorso o la palma de la mano que están cruzadas interiormente por nervios o tendones importantes; por eso, los intentos de extracción de un anzuelo, por simple tracción y sin la adecuada formación, pueden producir desgarros y heridas importantes.
Por otro lado, en los países templados, como el nuestro, hay muy pocos animales que puedan presentar riesgos para la seguridad personal mientras se está en contacto con la naturaleza o se practica la pesca. A pesar de ello, es muy recomendable conocer y estar informado sobre los posibles riesgos asociados con la fauna local. Las picaduras de peces con espinas venenosas, medusas o himenópteros (abejas o avispas) representan más del 60% de las incidencias.
Sin embargo, aunque los animales venenosos presentan mucho menos peligro que lo que se cree a nivel popular, la toxicidad de los venenos animales para el ser humano varía en función de varios parámetros: la estructura química de la sustancia introducida, la cantidad, la vía de administración (mordedura, picadura, ingestión…), la región del cuerpo afectada y la tolerancia o hipersensibilidad individual. La reacción al veneno varía de un individuo a otro y algunas personas que son extremadamente sensibles pueden sufrir gravemente y hasta morir a consecuencia de una sola picadura. En algunos casos pueden darse fenómenos de sensibilización alérgica subsiguientes a la picadura que resultan muy distintos según los individuos que los sufren. La región del cuerpo afectada tiene una gran importancia, sobre todo cuando se trata de zonas venosas o situadas cerca de la garganta, nariz y boca. Las dermatitis de contacto resultan más molestas en las zonas sensibles de la piel y especialmente peligrosas si afectan a los ojos. Las lesiones por erizos de mar pueden provocar reacciones cutáneas crónicas, conocidas como «granulomas por erizo de mar». Estas reacciones tardías requieren atención médica especializada.

No deberíamos olvidar, en este breve repaso de los riesgos, las intoxicaciones alimentarias por consumo de peces o marisco. En Europa, se registran anualmente alrededor de 40000 casos de intoxicaciones alimentarias, resultando en aproximadamente 3300 hospitalizaciones y 20 fallecimientos. Estas cifras subrayan la importancia de consumir marisco de fuentes fiables y bajo controles sanitarios adecuados.
A esto cabría añadir los problemas de salud relacionados con el agua, pues con frecuencia se olvida que puede estar contaminada con bacterias, virus u otros patógenos causantes de una amplia variedad enfermedades.
La información detallada sobre la distribución por edades y sexo de las víctimas en la pesca deportiva desde la costa es limitada. Sin embargo, se ha observado que la mayoría de las víctimas son hombres adultos, con edades que oscilan entre los 45 y los 60 años, reflejando la composición demográfica de la actividad.
La pesca es una actividad enriquecedora y apasionante, pero, como hemos visto, no está exenta de riesgos. La formación en primeros auxilios, la adopción de medidas preventivas y una actitud consciente y responsable son esenciales para disfrutar de esta afición de manera segura. Recordemos que la preparación y la prudencia no solo protegen nuestra vida, sino también la de quienes nos rodean.
En este sentido, es esencial destacar que las técnicas y procedimientos de primeros auxilios deben ser aprendidos bajo la supervisión de profesionales cualificados. Asistir a cursos especializados no solo proporciona el conocimiento teórico, sino también la práctica necesaria para reaccionar adecuadamente ante situaciones de emergencia. En la pesca deportiva, las urgencias pueden surgir en cualquier momento y una respuesta rápida y efectiva puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.
Además, es esencial adoptar medidas de seguridad para reducir los riesgos. Así, el uso de chalecos salvavidas y ropa adecuada pueden marcar la diferencia en caso de caída al agua. Es importante informarse sobre las condiciones meteorológicas y del mar antes de salir a pescar y evitar zonas conocidas por su peligrosidad, un pez más no vale un accidente.



Siempre que sea posible se debe ir acompañado para contar con ayuda inmediata en caso de emergencia y, en caso contrario, llevar dispositivos de comunicación para alertar a los servicios de emergencia si fuese necesario.
En conclusión, es esencial reconocer y mitigar los riesgos asociados. La implementación de medidas de seguridad adecuadas, la formación en primeros auxilios y la conciencia situacional, puede contribuir significativamente a reducir la incidencia de accidentes. La recopilación de datos más específicos sobre la pesca deportiva ayudaría a desarrollar estrategias de prevención más efectivas y adaptadas a esta modalidad”.



